Estos días «llueve de solemnidad», o «caen chuzos de punta», como os guste más.
La cosa es que tengo aversión a los paraguas y casi siempre los dejo bien guardados en casa o en el coche -cuando los saco los pierdo- esperándome sequitos a la vuelta.
Hoy he hecho lo de siempre: pasear esquivando paraguas de otros, riadas de los canalones de las casas y chapuzones de los coches en los charcos.
Esquivando y poniendo empeño en ello, me he empapado unas tres veces -una al salir de la peluquería, oh!- y otras tantas me he secado gabardina y pelo.
Y me he sentido como el campesino de Claudio Rodríguez:
y mira, y busca, y huye,
y, al llegar a cubierto,
entra mojado y libre, y se cobija,
y respira tranquilo en su ignorancia
al ver como su ropa
poco a poco se seca.
Y ahora oigo repiquetear la lluvia fuera, en la oscuridad, dispuesta a acunarme para que duerma. Buenas noches.
PD.- Felicidades a mi socio favorito que ha estado de cumple hasta hace unos minutos y a un querido amigo que lo ha estado el 19. Gracias a los dos. Que vuestra vida sea larga y dichosa.
A mi tampoco me gustan mucho los paraguas por no decir que detesto ir sosteniéndolo y para colmo ir haciendo «numeritos» para esquivar a las rachas de viento que hace siempre por aquí.
Gracias por tu comentario, fue especial…. exactamente por eso me gustan las fotos de ese bosque porque me recuerda a los que he visto en Galicia, donde mi abuela me crió entre meigas y santas compañas :).
Beso!
Me apunto a lo del voto en contra de los paraguas, aunque más porque os quedais todo el agua de la cornisa y no nos llega, que por otra cosa.
Añoro las tardes lluviosas de niño en casa al calor de un buen y caliente tazón de chocolate. Pero TAZON, no tacita.
Leí una frase tuya en otro blog acerca de la magia me encanto tu frase… y también creo en esa “magia”.
Me gusto tu blog se respira tranquilo, acompañada de las imágenes y letreas…
Saludos.