Pues así, muy liada con temas diversos que hacen que preste poca atención a la actualidad y que casi casi esté centrada en el trabajo, el estudio y en mi gente.
No se me escapa, sin embargo, como evoluciona lo de Birmania, que me ha traído a mal traer todos estos días; ni las huelgas previstas y las revueltas que se organizan por las subidas de precios (pescadores, transportistas…); ni las declaraciones de Ban Ki Moon pidiendo que se aumente la producción de alimentos, ni la enésima redada a la pornografía infantil que da un asco leerlo que uno ya no puede más; ni la caída del consumo y la subida del desempleo…
Pero, y puede que sea una estrategia de evasión, dedico más tiempo a Confucio y a Buda, a ver la tele -el trabajo es el trabajo pero este además distrae- y a pensar en cosas bonitas: el olor de la hierba y del olivo al llegar a mi casa, el colorido de la ensalada que acabo de preparar y el sonido de las chicharras.
Porque no poseemos a nada ni a nadie, sólo lo que hay en nuestro interior es verdaderamente nuestro.
Buenas, buenísimas noches.
Que son las chicharras?
O mucho me confucio o le estás llamando trabajo a ver la tele…. ya decia yo que tanta filosofia oriental no podía ser buena.
Abrazazo
Yo creo que poseemos nuestra capacidad de imaginación, que no es poco.
Besos, muchos besos
Pablo, las chicharras son las cigarras. Es un vulgarismo 🙂
Me has pillado Verme: veo la tele y eso no puede ser trabajo, verdad? Buda, el Tao, etc. equilibran a alguien tan opuesto como yo. Siempre viene bien ese juego de contrarios.
No, no es poco, Leiter. La imaginación, la capacidad de amar y la alegría, tres elementos básicos para vivir. Besos
Eso es casi un poder, un don. Correr y trabajar sin parar todo el día y ser capaz, al llegar a casa, de posarte en el olor de la hierba y el olivo. Eso es lo que te hace diferente! Parabens.
Mira quién fue a hablar!!! Gracias, guapísima.