Llegué bastante tarde y embotada a casa. Necesitaba aire. Salí afuera a pensar en el tema de este post.
«¿Una recopilación del siguiente mes? Un poco denso. ¿Un resumen de ese par de sucesos impactantes de hoy? Qué triste. ¿La subida del euribor? No más economía….»
Me senté en el columpio. Empecé a mecerme. Eché la cabeza atrás para mirar las estrellas. Y después cerré los ojos y prometo que estuve mucho tiempo sólo oliendo. Oliendo el verano en los pinos, en los «loureiros» (laureles) del extremo del bosque que está pegado a casa, en los eucaliptos de más abajo. Oliendo la fertilidad de la tierra húmeda y las gotas de rocío en la hierba. Y muy lejos, muy tenue, el olor a salitre del mar.
Después de esto, sólo se puede escribir de poesía y se me vino Graves -ya sabéis cuanto me gusta- a la cabeza, sin llegar a saber porqué. Quizá por aquel poema del amanecer del que ya os puse, un trocito, una vez, Levantarse temprano:
Levantarse temprano y andar por el jardín
antes que el sol remonte la colina,
con sus rayos calentando el tejado, pero aún no la hierba
todavía blanca de rocío.Y sin brisa suficiente para rizar el humo,
y allá en los pardos una espesa neblina,
y nada en parte alguna mal o que nos choque;
muchas gracias por esto.
O también aquel Atrasos de luz de luna que empieza diciendo:
Mi corazón yace envuelto en rojo bajo tu almohada,
mi cuerpo vaga proscrito entre las estrellas:
….
Pero no, no me siento un proscrito sino más bien un ser muy afortunado…vagando por las estrellas.
Buenas noches.