Desde hace unos días -como se puede observar por lo que me empleo en el blog- estoy distraida, un poco floja.
Esto me recordó una historia de este último sábado. Salí con mi madre de compras y después nos fuimos a tomar un café. Siempre hacemos eso cuando salimos juntas.
Estábamos de charla cuando entró una mujer como de mi edad, limpia y vestida con sencillez, mendigando. Pedía para dar de comer a sus cinco hijos. Mi madre le contestó que no tenía nada suelto y era verdad (pagué yo el café para que no cambiase un billete grande). Yo le dije que no sin más y seguí hablando con ella.
Cuando se fue la mujer, mi madre me reprendió: ¿por qué no le has dado nada?. Le respondí que la mujer mentía, que era una drogadicta. Me replicó inmediatamente; ¿Miente? ¿Y qué? ¿Crees que no le hace falta? ¿Cuántos crees que hacen esto por gusto?
Me callé. Lo mío son disculpas de mal pagador. Ella tiene razón, siempre me enseñó que lo mismo tienes con un poco más que con un poco menos y al que pide puede que le venga muy bien. Y además yo no tengo nada en contra de los drogadictos tampoco. Antes, al salir de casa, siempre ponía monedas en los bolsillos para dar a los que me pedían, pero ahora he perdido esa costumbre.
Mi madre, una mujer sencilla y buena que siempre me enseñó a creer en los demás, y sigue haciéndolo, que siempre predica con el ejemplo. Y sino que se lo digan a todos los mendigos que llegaban a mi casa con la regularidad de un reloj.
Ya sé todo lo de la caridad, las cañas y enseñar a pescar. Pero es que una cosa no quita la otra, ¿no?
en una pausa de un día de trabajo extenuante una compañera me contaba los problemas que la agobiaban a ella y a su marido, dudas sobre su futuro inmediato.le preocupaba especialmente volver a ceder para salvar su familia.sus ojos se humedecieron y entonces me dí cuenta de que no la estaba escuchando. sentí veguerza de que mi gesto pudiese delatar mi indiferencia.
¿que gimnasio pude ofrecer muscular la sensibilidad?
Decía Marco Aurelio en sus Meditaciones: Acostúmbrate a estar bien atento a lo que dice otro, y en la medida de lo posible penetra en el alma del que habla/ Mira dentro, que de ninguna cosa te pase desapercibida ni su cualidad propia ni su valor.
No sé Ramón.