
A veces pasó el momento, y pasó.
Nos queda esa intranquilidad de las palabras enjauladas dentro pugnando por salir.
Pero ya no es tiempo.
Ahora hay que aprender a vivir con ellas dentro.
Quizás el tiempo nos dé ocasión o, lo más probable, nos alegremos de habernos quedado en silencio.
Quizás nos hayan entendido sin palabras, con los gestos, las manos que se acercan o la mirada.
Eso sí, jamás dejes dentro nada intemporal, nada hermoso, como una flor se pudriría y sería una lástima.
Sabiduría es saber cuando ya hay que callar o ser hasta inoportuno y decir.
Sabiduría o coraje, quién sabe.
Para mi, la sabiduría consiste en perder el miedo.
El miedo es el culpable de sujetarnos a una estaca al igual que un poderoso ELEFANTE. Levanta enormes pesos, arrastra enormes troncos y hasta mueve un vagón de tren. Pero después queda preso de una cadena y una estaca, sujeto de la pata trasera. Podría arrancarla con facilidad y huir. Sin embargo no lo hace. ¿Qué lo mantiene atado? ¿Por qué no huye?
El pobre a permanecido atado desde pequeño. Luchando para soltarse y haciendose daño en cada intento: lastimando su pata, heridas y dolor. Los castigos/recompensas del domador fijan y aumentan la dosis de ¡¡¡MIEDO!!!…. que esta bien y que esta mal.
Hoy, la estaca es un palillo y él es enorme, pero su… ¡¡¡MIEDO!!! no le deja ver su tamaño y fuerza para romper la estaca y poder huir del circo que lo atrapa con su cadena (dinero) y con su domador (sociedad)… y lo mantiene atado y sometido hasta su muerte…
Es mi interpretación personal de la lección del elefante, utilizada muy a menudo en cursos de coaching… me gusta más así.
Y a veces no se puede decir, o no se sabe. Es suficiente la proximidad. El silencio. Pero es importante no dejarlo dentro, como dices, porque puede ser que tengamos otra oportunidad y puede que no. Siempre es mejor osar. beijinhos.
Xabi, qué buena fábula! El miedo se disipa cuando lo miras de frente. Yo siempre pienso qué es lo peor que me puede pasar y si me siento capaz de soportarlo, pero sólo un segundo, y después pienso en lo mejor, en mi sueño, y me recreo tranquilamente, lo disfruto desde ya mismo. Y …bueno…me queda mucho por andar pero funcionar parece que funciona :))
Pau, querida niña, no sé cómo podemos pensar tan parecido y ser tan diferentes! Sí, siempre es mejor osar.Beijinhos
Pues es verdad.. aunque tal vez más que pensar parecido, sentimos parecido. Procesamos parecido. Lo mismo da. Beijinhos.
Pues a mi esa interpretación de Xabi me parece un poco pesimista. También desde el punto de vista del coaching ontológico, el miedo no deja de ser una creencia limitadora, lo que pasa es que para superar ese límite ¡hay que mojarse! y si no me quiero mojar, mis «maestros» me dirían: ¡jódete cabrón! (o cabrona, claro. De acuerdo con Pau y con Amalia: es mejor osar.
Ole las mujeres valientes! (Xabi, te sumamos a ellas!)