No me gusta hablar mal de nadie cuando antes no le he dado al interesado oportunidad de rectificar, así que no diré quién cometió el error -al menos de momento- pero es un conocidísimo y premiado médico.
La cuestión es que durante años me estuvieron medicando para una enfermedad que no tenía o que, al menos, estaba curada desde hace mucho. Esta medicación tiene consecuencias, era fuerte y lo pagaré con los años, dicen.
Y sin embargo no estoy enfadada, creo que mi infancia y mi adolescencia tuvieron que ser a la fuerza más maduras, aunque entonces no lo viera, que tuve que luchar más por lo mismo que otros conseguían con más facilidad y que eso no me ha venido mal. Aunque también creo que tengo peor carácter por esto, jeje, a algo hay que echarle la culpa.
Eso sí, nunca más, por muy sabio que sea quien me dé su opinión, me quedaré con una sola si el tema lo merece.
Y no me refiero sólo a la salud. He aprendido a formarme mi criterio escuchando y analizando desde varios puntos de vista, al menos en los temas que me importan mucho.
De verdad que en casi todo lo malo que nos pasa (no me atrevo a decir en todo porque pienso en algún dolor inútil) hay escondido algo bueno, aunque sea pequeño.
Uf!