No hay nada más osado que la ignorancia. Es algo que conozco bien, aunque seguramente no seré consciente de la cantidad de veces que meto la pata hasta el fondo. ¡Hasta para eso hay que saber!
Reconozco que, en ocasiones, incluso la he utilizado: no he querido saber hasta no haberme «metido en el fregado» y es que seguramente en algún caso el miedo me hubiera paralizado.
Pero en general, la ignorancia me ha hecho pasar por situaciones bochornosas. La última creo que hace sólo unos días.
La peor hace ya unos años: me habían enviado a «dirigir» una productora de televisión. Reconozco que no sabía una palabra de nada, así que cuando hablaban de «la biblia» de un programa me imaginaba un tocho enorme y detallado, en el que viene todo, todo, todo. Un día alguien llevó una biblia a una reunión y se me escapó espontáneamente un «¿pero eso tan cortito es la biblia?». Imaginad la cara de los pobres mártires «dirigidos» por mi.
Sentí aquello de tierra trágame. Porque además no estoy segura de que el sentido del humor me hubiera servido para nada. Y eso significa que uno ya está en muy mala posición.
Me comí el marrón y fui un pizco más humilde de ahí en adelante- se me da mal-, hasta que se me olvidó, claro.
Bueno, la cosa tampoco es tan grave; seguro que todos hemos pasado en algún momento por una situación similar. Quizás lo que nos diferencia a las personas no es la situación sino la capacidad que tienen unos de aprender de ella y la capacidad de otros para insistir en la metedura de pata :)).
Saludos 🙂
Bueno, lo cierto es que voy variando de temas, jajaja. Vamos a verlo por el lado bueno.
Me alegro de tu regreso. Echaba de menos ver tus fotos y leer tus cosas.