…y no buenas razones.
En este mundo en que triunfa lo superficial, en que todos nos decimos «me gusta» en facebook o «wapa» a cualquier desaprensiva -ojo, aveces es de corazón- que nos cae fatal, nos hemos acostumbrado a quedar bien con un click. Somos todos maravillosos, tenemos miles de millones de amigos que coleccionamos, twitteamos lo que nos interesa y lo que no con tal de parecer modernos…
Me aburre.
Es más, estoy bastante harta. Y eso que yo soy parte de la feria, lo reconozco.
Pero a veces me da por parar, desconectarme de esos rollos y pensar en «de verdad de la buena» quién está a mi lado cuando lo necesito, quién se preocupa de mi, quién me llama para echarse unas risas conmigo, a quién me resulta sencillo contarle un problema o de quién espero apoyo para una solución.
Y hete aquí, que sacados los correos electrónicos (a veces están bien utilizados, no queda otro remedio), los sms, los twits, los post (como este), me quedan no tantas comunicaciones de verdad, no tantos amigos con los que compartir una cena en mi casa o una caña en una terraza charlando de lo que importa o riendo de lo que no, pero con el afecto a flor de piel.
No, no tengo tantos millones de amigos. Quizás sólo un puñado y ni siquiera siempre están disponibles. Pero creo que voy a perder poco el tiempo de ahora en adelante en «redes sociales». Sólo el que me dejéis los que de verdad importáis, los que estáis en cuerpo o en espíritu aquí, de verdad, conmigo.
Sí, te quiero. Sé que tú también me quieres. No tenemos que decirlo cada cinco minutos. Tus obras te/me delatan.