Recuerdo mi primera vez en París, de excursión con el cole en 3º de BUP.
Recuerdo, por supuesto, las interminables noches pasando unas al cuarto de las otras, aquellos dos italianos -uno era guapísimo y lo sabía- con los que nos quedábamos inocentemente charlando en la recepción del hotel. ¡Qué patito feo me sentía!
Recuerdo ir a mi primer hipermercado, creo que era un Auchan, a comprar yogures.
Y de París, la maravila de Notre Dâme entrando la luz del atardecer por un costado a través de sus vidrieras góticas, el barrio de Montmartre lleno de pintores, turístico y bohemio, la torre Eiffel -claro- y le vértigo que me daba ver París desde tan alto. Versalles y sus fuentes y jardines…
Volví y repetiré en breve, pero mis ojos no serán ya como los de esa primera vez.
Esa primera vez siempre será algo especial, pero las siguientes pueden ser incluso mejores. Todas pueden aportar algo diferente, nuevas perspectivas, no sé, pueden ser especiales también, pero de otro modo. A mi también me encanta París. Sueño con volver.
Tus ojos verán mejor ahora. Más Paris, un poco menos de vértigo en general… tal vez. Y también será inolvidable.