Hoy, charlando contigo delante de ese café, recordaba mi infancia con él. Y sí, era como mi hermano, cuando éramos niños. Todo era a medias. Tengo un nítido recuerdo de estar a su lado tumbados en la hierba, en silencio, muy chiquitos, muy colegas.
Volví a recordar las interminables tardes de playa, el escalextric montado en la terraza cubierta que nos servía de cuarto de juegos, con el tejado de uralita donde golpeba la lluvia en invierno y nos cocíamos de calor en verano. Ni cuenta nos dábamos. Era un paraíso a nuestra medida. Teníamos un par de coches dirigibles. Los primeros con cable. Recuerdo el primero sin él: menuda fiesta!
Íbamos de «exploración» día sí, día también y nuestras madres se hartaban de llamarnos. Ni un sólo día nos perdíamos una buena regañina. Éramos supervivvientes natos, de las carreras en bicileta, de las rampas sobre patines, de probar a tirarnos de la rama más alta del manzano, de pasear por los tejados, de mil locuras que pondrían los pelos de punta a una mami moderna.
Y supe, hablando de nosotros esta tarde, que ya para siempre quiero recordarle así, rubito, con el pelo ondulado y la sonrisa de traste impenitente. La carita llena, redonda y dulce, que no parecía presagiar la última que se le había ocurrido.
El es mi maravillosa infancia. Y ahora, que va a estar de cumpleaños, aunque no podamos celebrarlo, pondré flores en casa, sacaré nuestras fotos, me comeré un bocata de jamón 😉 y volveré a patinar (sí, lo dejé después de la caída).
PD.- Voy a dejar el enlace a una canción que, digamos, me han dedicado Chasing Cars de Snow Patrol. Una preciosidad.
Que envidia 🙂
Un abrazo. Qué bello escribes cuando escribes desde el fondo… como burbujas del alma.
Marquitos, que a ti te recuerdo casi un niño, en la playa, con el pelo negro y rizado, brillante, precioso…y más…
Gracias a los dos y besiños