Selección de Personal

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Cada día hablo con gente, trabajadores «de a pie», directivos y empresarios, que evalúan de forma inconsciente la política de la empresa para la que trabajan y se deja ver muy bien cuando hablan de la «selección de personal».

La muestra de lo que he oído esta misma semana da una idea de la complejidad de las relaciones dentro de una organización cualquiera.

Por ejemplo, alguien que había hecho una serie de entrevistas para cubrir un puesto de administración, me decía: «No contraté a XXX porque no hubiese durado. Me decían que le contase lo que podría hacer dentro de tres meses pero ¿qué se yo que va a pasar aquí en ese tiempo? Y yo no quiero mentir a nadie».

Un empresario me decía: «Fiché a una persona para XXX muy competente, tanto que desbordó al resto del equipo, se sintieron desmotivados y empezó a fallar el día a día, lo básico. Tuve que echarle».

Y un directivo: «XXX se ha ido de baja, y yo podría haberlo visto venir, porque el problema estaba ahí. La cosa es: qué solución se le podría haber dado… Una persona así es difícil de sustituir con alguien nuevo».

Y un trabajador: «Son muchas horas de trabajo. Si lo hubiese sabido hubiese estudiado más. Pero es una empresa seria, paga todo y bien y se ve actividad. Se pueden tener expectativas».

Las personas son las generan valor en una organización, en muchos casos marcan la diferencia entre una empresa que va bien y otra que no tanto, Drucker – que tanto le gusta a Pablo, habla de trabajadores del saber. Y son un bien escaso al que hay que cuidar.

Las personas son lo importante y necesitan, además de estar bien pagadas, empresas fiables, con proyecto, en las que se prime el equipo y en las que se evalúen soluciones a los problemas contando con los afectados.

Entonces, lo sé por experiencia, se consiguen milagros, es decir, se quedan los mejores – eso que ahora se llama retener el talento– y se produce una implicación de todo el equipo que genera una energía imparable hacia el éxito y la excelencia.

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5 comentarios en «Selección de Personal»

  1. Las oportunidades no se tienen solo por haber estudiado más o menos (ni siquiera todo el mundo tiene las mismas posibilidades de estudiar).

    La movilidad social interclases bajo criterios de mérito creció muchísimo en todo el sXX, sobre todo después de la 2ª Guerra Mundial, pero se estancó a partir de la administración Reagan y ahora está en franca recesión. Cada vez más el empresario, el directivo y el trabajador nacen, no se hacen.

    … yo, sin ir más lejos, conozco a uno que nació director de recursos humanos y no pegó un palo al agua en su vida.

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  2. Siempre ha habido ricos y pobres.

    En Europa los ricos de toda la vida tienden a seguir siendo ricos por familia, es como una expectativa autocumplida, o un derecho, como la monarquía, uno nace varon, primiginio y en familia real y ya se supone que va a ser un excelente jefe de estado y si nó al menos va a ser jefe de Estado.

    Las posibilidades de cambiar tu status económico hoy en día vienen muy condicionadas por tu estudio o tu habilidad (y suerte) a la hora de emprender. Un estado moderno no debiera garantizar la igualdad de resultados, si la igualdad de oportunidades nada mejor que invertir en facilitar el estudio, que este sea de alta calidad (para eso hay que introducir competencia, cosa problemática) y eliminar papeleo, burocracia y funcionarios para la actividad empresarial……

    En cuanto al post original, hay personas que crean valor y otras mucha que la destruye. Hay bastantes a los que sería mejor pagarle para que se quedaran en casa que ir a la empresa (especialmente directivos, el puesto permite destruir mucho valor, aunque hay en todas las capas. Claramente hay otras personas a las que es mejor despedir, en esos casos le haces un favor a la empresa y quizá a si mismos, cuando alguien es tan inútil en un trabajo es porque está totalmente desmotivado y así no se puede ser feliz.

    Hay personas que ejercen su trabajo muy correctamente y con dedicación, si el trabajo en si esta mal pensado (no por el) en realidad destruyen valor, por ejemplo un censor del antiguo régimen, destruía valor aunque hiciera bien su trabajo.

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