Hoy he estado jugando con un tamagochi -de hecho lo tengo ahora mismo durmiendo a mi izquierda- y me he enterado de cómo funcionan y viene siendo una versión «ligeramente» acelerada de nuestra propia vida:
Nacen, y no se puede elegir si será chico o chica. Les puedes bautizar con un nombre de cinco letras. Si les tratas bien, crecen y van a la guardería. Allí ya se pueden casar, pero sólo con alguien del sexo contrario. A los seis años trabajan. Lo que más les gusta es jugar y comer. Necesitan que los lleves al lavabo y les limpies. ¡Ah!Y lo más importante, está bien que se relacionen pero una vez que se casan hay que relacionarse menos porque sino se acaban divorciando, y basta con que uno de los dos quiera tomar la decisión.
Lo dicho, si tuvieran sentido crítico, como cualquiera de nosotros.
Qué peligro como llegasen a reproducirse….
Tienes que acordarte de no que no se pueden mojar y sobre todo, sobre todo, de no darles de comer después de la media noche
¡No, espera!…
xD
Martes y trece, ni te cases…
Rbr, tienen forma de reproducirse aunque como nosotros apenas cubren la tasa de renovación.
Marcos, esos somos los Gremlins y yo (ya sabes que no puedo tomar alcohol antes de las 8 de la tarde, jejeje).
Capi, tienes razón y además casarse es mejor no hacerlo muy a menudo. 🙂