Todo el día he querido estar alegre para celebrar tu cumpleaños. He querido pensar en lo que a ti te hubiera gustado.
He puesto la sonrisa como adorno, pero estoy segura de que en algún lugar dentro de mi la tristeza se hacía un hueco.
Y es que te echo de menos y es duro saber que ya no tiene arreglo.
Hoy era tu cumpleaños y no sabía a quien decirle. La llamé sin saber si decidirme a entristecerla. Enseguida me dijo: es su cumpleaños, no estés triste, él está muy bien. Pero su voz se empañó y mi voz tembló llena de lágrimas. Sí, lo sé, respondí.