Una dulce extraña

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Hacía cola para coger unas entradas. De primera delante de la taquilla cerrada -la primera vez en mi vida que me pasa algo así, siempre soy de las de última hora- cuando después de un rato, tras colgar el teléfono, la mujer que estaba de segunda se me acercó.

Me dijo muy dulcemente, tanto que no pude tomarla por una intrusa, «inevitablemente acabo de oirte y ahora te veo así, tan triste, que no quiero dejar de decirte algo: arréglate, levanta la cabeza, sonríe, que nadie te vea así, no es bueno que te vean así» (Ay, si ella supiera qué bien he practicado yo sus enseñanzas).

Siguió hablando en la misma línea hasta que dijo «un clavo saca a otro clavo». Entonces entendí que ella creía que lo mío era una ruptura sentimental. Dudé si sacarla del error. Al fin y al cabo era una desconocida. Lo hice.

Dió dos pasos atrás como si la hubiesen abofeteado. Me miró muy seria: «para eso, sí para eso tienes razón, sólo queda dejar pasar el tiempo y guardar los lindos recuerdos». Se recompuso rápidamente y añadió con su dulce acento cubano: «yo rezo y les pongo flores, pero en mi casa, porque seguro que siguen conmigo».

Me pareció lindo, lindo. Así que a partir de ahora yo también pondré flores.

Actualización: también en el blog.

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5 comentarios en «Una dulce extraña»

  1. Por un momento creí estar leyendo «Remanso de jirafas»…

    Sí, la verdad es que la historia es una maravilla y demuestra que existen personas que se conmueven ante los sentimientos ajenos, sobre todo si no son especialmente felices.

    La mujer intentó ayudarte y demostró su bondad desprendida. Y tú, previamente, exteriorizaste un sentimiento íntimo por medio de una conversación telefónica. Tu tono de voz tuvo que ser dramático — Inevitablemente, acabo de oírte… — que provocó la improvisada reacción de la mujer caribeña.

    Bonita historia, con flores de adorno. Y, como dice la cubana, sguro que esa persona sigue contigo, en tu casa, en algún remoto lugar del universo…

    Besos, muchos besos

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  2. Pau, no sé si es hermoso lo que he escrito, pero créeme que reconocí lo maravilloso que era lo que me estaba pasando. A mi me sirvió. Estoy menos triste.
    Lulú, Leiter, era una mujer especial, diferente. La busqué en la representación. Me hubiera gustado saludarla.
    Leiter, menudo piropo compararme con Remanso de Jirafas!!!

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